Compromiso con el futuro
es el importante y clarificador artículo que sobre la actual coyuntura de la formación social vasca y del MLNV dentro de ella publicó en GARA el 19 de marzo de 2002 el veterano militante de BATASUNA Joxemari Olarra.
gaurkoa * Joxemari Olarra * Miembro de
Batasuna
Compromiso con el
futuro
Se suele decir que el transcurso del tiempo aporta a las cosas una perspectiva que, humildemente observada, sin cegueras de ningún tipo ni arrogantes ni envilecidas, sin el mínimo de los reproches o de las petulancias, se puede tornar en una de las más enriquecedoras clarividencias que nos ayuden a enfrentarnos a las situaciones del momento con más luz, con más conocimiento. Tampoco es cosa de que a cada paso que se dé uno deba detenerse para analizar la impresión de su huella en la tierra, pues, mirando siempre al suelo, difícilmente se puede avanzar con visión de futuro. Estrecho horizonte tiene quien no es capaz de levantar la mirada del terreno; poco crecerá quien no ve más allá de sus narices.
En esta Euskal Herria convulsa en la que vivimos, hay ocasiones en las que nos da la sensación de que nuestra parte del mundo, esta tierra sobre la que estamos los vascos, gira más rápido que el resto del planeta. En otras, nos sentimos tan anclados a las trágicas inercias de nuestra historia que parecemos varados, mientras el globo terráqueo no se detiene ni tan siquiera para preguntarnos qué nos pasa, por qué no acabamos de afirmar nuestro lugar en el universo como vascos libres.
Lancemos un poco la mirada hacia atrás. Pero no prologándola por encima del hombro. Miremos como lo haría un mendigoizale, un montañero que sabe perfectamente qué cima va a hollar y echa la mirada a su espalda para observar el camino andado.
Hace ahora un año el conjunto de Euskal Herria vivía unos momentos particularmente delicados, y en el tercio vascongado se planteaban elecciones a su Parlamento autonómico. El unionismo español, cegado por su brutal arrogancia, creyó que había llegado su momento y planteó la contienda electoral como la madre de todas las batallas. Si durante décadas desde la izquierda abertzale hemos planteado la contradicción nacional en Hegoalde en los términos Euskal Herria-Estado español, resultaba ahora que el binomio unionista PP-PSOE asumía ese mismo concepto de enfrentamiento poniendo al electorado de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa en la tesitura de tener que optar radicalmente entre España o Euskal Herria.
La izquieda abertzale asumía ese desafío español desde la más hermosa de las esperanzas que puede haber en la vida, desde un vientre preñado de luz y de futuro para todo un pueblo que quiere, que tiene el derecho a poder vivir en paz y democracia. Frente a la noche negra de violencia e imposición, frente a la negación de la voz y la palabra que representa el Estado español y sus delegados en suelo vasco, la izquierda abertzale proponía un futuro de paz y libertad desde el respeto a la voluntad de los ciudadanos.
Una nación libre está a punto de nacer, decíamos entonces, y con la ilusión de madres y padres primerizos proclamábamos la necesidad de aglutinar en torno a la izquierda abertzale todas las aspiraciones soberanistas de nuestro pueblo.
Nacer y nación parece que brotaran de la misma raíz. Y para hacer nacer esa nación pedimos la energía liberadora de todos los abertzales y progresistas vascos para tener en nuestras manos las llaves de la soberanía.
Queríamos esas llaves para garantizar que el tren de la soberanía nacional que echó a andar en 1998 en Lizarra-Garazi tomara nuevo impulso, el definitivo, y no confundiera su rumbo por muchas vías alternativas que se cruzaran en su camino.
Unas llaves para ser el elemento definitivo que inclinara la balanza hacia Euskal Herria y que sirviera para garantizar que lo mismo PNV que EA no se dejaran seducir por los cantos de sirenas españolas. La izquierda abertzale queríamos ser esa pieza clave que definiera la situación y corrigiera los rumbos hacia la construcción nacional. PNV y EA tienen la brújula nacional un tanto casquivana y por ello se imponía el que la izquierda abertzale fuera el vigoroso polo magnético que recondujera sus veleidades.
Las decenas de miles de vascos que en las últimas contiendas electorales habíais depositado vuestra confianza en Euskal Herritarrok nos permitía afrontar aquella cita ilusionados desde la certeza de que seríamos llave y garantía para el futuro de Euskal Herria. De una Euskal Herria en paz, libre y democrática. Pero acabó no siendo así porque, lamentablemente, demasiados miles de votos de la izquierda abertzale fueron a parar a las codiciosas bolsas de PNV-EA.
No es el objetivo de estas líneas arrojar reproche alguno a quienes aquel 13 de mayo derivasteis vuestro voto hacia PNV-EA. No se trata de eso. Además, Euskal Herritarrok en su momento ya elaboró su autocrítica y asumió la completa responsabilidad por todo ello.
Se trata de aportar luz y no de echar tierra en los ojos de nadie, y mucho menos en su corazón abertzale; se trata de que, con esa perspectiva del tiempo traída a colación al inicio de estas líneas, miremos todos con ojos de futuro para que aquella nación que decíamos hace un año que estaba a punto de nacer vea definitivamente la luz.
Seguramente aquella noche de mayo, cuando Ibarretxe era recibido a los gritos de «independentzia, independentzia», decenas de miles de vascos de buena voluntad, de abertzales y progresistas pensasteis que vuestro voto había colaborado en abrir definitivamente las puertas a Euskal Herria, que el solar de los vascos estaba garantizado, que con seis centenares de miles de votos PNV-EA serían incapaces de dar un paso atrás y que por ello a partir de ese momento todo sería ya echar a caminar con paso firme y la soberanía por horizonte.
Seguramente pensasteis que la bravuconada del unionismo español había sido frenada en seco y que con el impresionante crédito de confianza otorgado a PNV-EA estos partidos serían incapaces de abstraerse del clamor soberanista y que todos vuestros votos abertzales, honrados, sinceros, serían espolón definitivo para que ambas formaciones políticas se atrevieran a hacer frente al Estado español con valentía y sin el más mínimo complejo de inferioridad. Cara a cara. De igual a igual.
Seguramente creisteis también que tal caudal de votos hacia PNV-EA haría que estos grupos tendieran su mano a la izquierda abertzale para recuperar de nuevo la senda de Lizarra-Garazi que tanta esperanza aventó sobre la arada vasca. Que abriría la posibilidad de rehacer un espacio de entendimiento entre todos los abertzlaes y progresistas vascos que facilitara un clima de distensión como punto de arranque para un definitivo escenario de paz y democracia en el que cualquier conflicto pudiera dirimirse por vías exclusivamente políticas.
Y seguramente considerasteis también que, gracias a ese cheque de confianza otorgado a PNV-EA, en poco tiempo los prisioneros políticos, prisioneros que lo son de guerra, serían repatriados y agrupados como primer paso para el feliz y orgulloso regreso al abrazo de sus familias y de su pueblo, de ése por el que están dando su libertad, su vida. Su vida.
Pero con dolor echamos la mirada hacia atrás cuando comprobamos el curso que han tomado los acontecimientos en este año transcurrido desde aquella jornada del 13 de mayo.
Desgraciadamente, el PNV, lejos de haber asumido el emplazamiento soberanista que le hicieron sus decenas de miles de votantes, ha aprovechado ese crédito de manera fraudulenta para alimentar su arrogancia obesa y, dando la espalda a Euskal Herria, volver a mostrase soberbio ante la izquierda abertzale y vergonzosamente sumiso frente a España. Los jelkides vuelven a buscar sus amigos al sur del Ebro mientras desprecian la mano abertzale; cierran las puertas a la colaboración política al tiempo que abren los chiqueros policiales; agitan la bandera de los derechos humanos pero escupen en las celdas de los voluntarios vascos...
En palabras vacías se queda su defensa de Euskal Herria. Gestos fatuos que hasta nacen muertos por falta de la más mínima voluntad. Bla-bla-bla que se les achanta en cuanto España les pone una mala cara. Hay ejemplos casi diarios para ilustrar todo esto.
Así que lo que podía haber sido el golpe político definitivo al unionismo español, el arranque de la transición hacia la democracia vasca, se ha ido convirtiendo progresivamente este año en el oxígeno que los mantiene vivos. Y desde esos espacios de impunidad que les otorga la cobardía jelkide arremeten contra cualquier expresión de Euskal Herria, sea el euskara, la cultura, el deporte... lo que sea.
Pero echemos ahora la mirada adelante porque de nada nos sirve chapotear en las aguas del pasado.
Si bien es cierto que el transcurso del tiempo ofrece perspectiva, también lo es que hay momentos en los que parece que el tren no va y, sin embargo, cuando nos asomamos, comprobamos lo lejos que quedó la estación de partida. Algo así tenemos que provocar que suceda en los próximos tiempos, y de ahí este llamamiento a todos aquellos que, habiendo sido votantes de Euskal Herritarrok, ofrecisteis vuestra confianza a PNV-EA en la intención de detener el frente unionista español y caminar hacia un horizonte de soberanía y paz.
A lo largo de todo este año ha quedado sobradamente patente que es la izquierda abertzale, que es Batasuna, la única energía capaz de condicionar la realidad vasca a escenarios de paz y libertad, de transición hacia el solar de los vascos. Es algo tan evidente que el Estado español está desplegando toda su maquinaría represiva contra el sector de la sociedad vasca que no se deja amilanar, que tiene claro el objetivo a alcanzar y que pone toda su ilusión y su fuerza política para conseguirlo. No es para nada gratuito que las garras del Estado estén codiciosas de Batasuna. Todo lo relativo a la lucha armada con lo que pretenden edulcolorar su fascismo no es más que la excusa, el peligro para ellos reside precisamente en esa energía política de Batasuna capaz de hacer inclinar la balanza hacia la soberanía. Tienen verdadero pavor al potencial político de futuro que representa la izquierda abertzale.
Se abren ante nosotros tiempos importantes. Hace un año fue como si se aplazara el parto que anunciábamos, como si se hubiera impuesto una gestación más lenta. Parece una paradoja que el pueblo más viejo de Europa quiera dar a luz a la nación más nueva. Pero así es. Así será.
Para ello necesitamos tu fuerza y tu palabra, tu compromiso con un futuro nuevo en democracia y paz. Porque aquel vientre preñado de futuro que hace un año presentábamos a la sociedad vasca sigue siendo una bóveda como un cielo generoso y abierto para un pueblo nuevo. Una cúpula bajo la que sembrar sonrisas fértiles sobre la tierra de los vascos.
Silvio Rodríguez canta: «La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor; y hay que quemar el cielo si es preciso por vivir». En estos días estamos quemando el cielo, pero de estos dolores nacerá un pueblo nuevo y libre. Para ello necesitamos tus manos. Son imprescindibles.